Estos pueblos son como el varón de dolores, expertos en sufrimientos de todo tipo, en tiempos de paz y en tiempos de guerra, con rostros tan desfigurados que nadie quiere mirarlos a la cara porque da asco verlos, y porque nos quitan la tranquilidad con la que vivimos inconsciente e irresponsablemente a pesar de que debiéramos mirarlos pues son producto de nuestras manos. Estos pueblos nunca o casi nunca han tenido palabras. ¿Quién defiende realmente su causa?