Es necesario rechazar la utilización burguesa y unilateral que hoy hacen algunos sectores de nuestra Iglesia, de la Doctrina Social como justificadora de sus intereses y sus prácticas explotadoras; así como legitimadora del sistema capitalista, que en la práctica niega a Dios, pues reduce la persona a medio para obtener beneficios y objeto para consumir, privándole de ser sujeto y fin.