Dios nos ha hecho creadores. Mediante el trabajo participamos de la obra creadora de Dios y, en la medida que lo hacemos, establecemos relaciones de comunión, transformamos el mundo y nos transformamos a nosotros mismos humanizándonos.
A través de un largo periodo histórico el trabajo ha sido separado del hombre y vuelto contra él. En lugar de relaciones de comunión, el afán de poseer y de poder ha creado relaciones de explotación y dominio y estilos de vida que deshumanizan al explotador y al explotado. Hoy, estas relaciones marcadas por la precariedad y la flexibilidad, han roto la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo libre; entre tiempo de trabajo y tiempo personal, familiar y social. Esta situación genera pobreza y pone serias dificultades al desarrollo normal de las personas y las familias.
El último paso de este proceso es la crisis actual, en la que la ambición sin límites de unos pocos está provocando el paro, la miseria y la injusticia de muchos, y un desastre ecológico sin precedentes.
El cómo hemos llegado hasta aquí es el contenido de este cuento.