El autor del segundo evangelio no es un historiador o un literato, sino solamente un redactor: una vez recogido todo el material, lo organizó dejándose guiar sobre todo por preocupaciones de índole eclesial. Los temas en torno a los cuales agrupó los relatos y las palabras fueron escogidos en función del deseo de definir lo más exactamente posible el papel y la misión de la iglesia cristiana y de sus responsables.