Este modelo de relación laboral provoca en los trabajadores una gran inestabilidad económica, falta de perspectivas para el futuro y la dependencia de circunstancias que no pueden controlar, tales como la productividad de la empresa o los vaivenes del mercado. El mundo del trabajo aparece como dependiente y en función de la economía, lo que socava gravemente los valores de la cultura del trabajo y favorece un modelo muy pernicioso para la dignidad de la persona.